sábado, 14 de julio de 2012

Día 8. Biotopo del Quetzal y camino a Honduras

Esto lo saben todos los aficionados a la observación de aves: si se quiere ver algo interesante hay que madrugar. Y lo que tenemos hoy en el menú supera con creces la definición de interesante: el resplandesciente quetzal, símbolo de Guatemala y bellísima ave en peligro de extinción. Quedan ya pocos ejemplares de un pájaro al que los mayas otorgaron rango de divinidad, y las posibilidades de ver uno son remotas. De hecho, en nuestra guía leemos que las posibilidades de ver un quetzal, incluso en la época más favorable del año, son infinitesimales; en once viajes al Biotopo, nuestra guía no ha visto nunca un quetzal; y nuestro conductor, guatemalteco él, nunca jamás vio un ejemplar del ave nacional en toda su vida. A las 6 menos diez de la mañana hacemos una parada en un café antes de entrar en el biotopo, y justo cuando la guía le comenta al conductor que no sabe por qué nos molestamos tanto para madrugar y no ver nada, justo entonces, un maravilloso quetzal atraviesa el cielo describiendo las curvas características de su vuelo y se posa en la rama de un árbol a diez metros por encima de nuestras cabezas. Se pueden escuchar los corazones de todos los allí presentes palpitando a marchas forzadas. Nuestro visitante se queda en su rama durante diez minutos antes de partir hacia dentro del bosque, y al poco tiempo un acompañante le sustituye y volvemos a tener el placer de contemplar a tan bellísima ave con su plumaje de un verde resplandeciente.

Ufanos partimos después de media hora hacia el Biotopo del Quetzal propiamente dicho, una reserva natural donde se supone que se puede divisar tan elusiva ave. Pero ahora ya no importa, hemos sido afortunados, hemos visto dos quetzales y que ahora veamos o no algún otro ha dejado de tener importancia. Así es, recorremos la reserva disfrutando de la tupida selva, plantas y pajaritos que nos acompañan en el paseo, sin que los quetzales vuelvan a hacer acto de presencia. Ya habíamos cumplido nuestra misión con creces.

Nos queda otro día largo de autobús hacia Honduras. Abandonamos el Altiplano, la tierra de los mayas vivos, para bajar hacia las tierras bajas, más secas, con diferente vegetación, pobladores, edificaciones. A las cuatro nos detenemos ante un casetón medio derruido ocupado por cinco o seis hombres con sombreros tejanos, camisas desarregladas y cara de pocos amigos. Hemos llegado a la frontera con Honduras.

  Guatemala - Honduras border (near Copán)

Dos días después Byron, nuestro conductor, me explicará que el trámite fronterizo lleva habitualmente dos minutos, pero que hoy hemos tenido la mala suerte de toparnos con un funcionario especialmente irritante que extiende esos dos minutos hasta convertirlos en 40. En fin, tras una espera nada memorable uno de los guardias fronterizos desata la cuerda que impide la entrada de nuestro autobús en Honduras y recorremos los quince kilómetros de carretera no asfaltada que nos separan de Copán Ruinas.

Copán Copán 
Copán Ruinas es un pueblecito surgido en torno a las ruinas mayas de Copán, que visitaremos al día siguiente. En él se percibe un bienestar económico superior al visto en Guatemala y sin duda alguna mayor que el del resto de Honduras.

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