viernes, 20 de julio de 2012

Día 11. Lívingston y Río Dulce

río Dulce
 
río Dulce
Salimos de Lívingston en barco, esta vez cruzando la espectacular garganta del Río Dulce. El barco se adentra río arriba atravesando gigantescos muros de piedra e impenetrable vegetación en torno a los cuales revolotean miles de aves, sobre todo cormoranes y pelícanos.La parte más angosta de la garganta no está habitada, lo que contribuye todavía más a acentuar la sensación de exotismo. Cuando ya se abre el valle aparecen minúsculas aldeas habitadas por indios Q’eqchi que fueron desplazados durante la guerra civil desde otras partes del país. Viven en cabañas de madera sin acceso por carretera a ninguna parte y sin agua ni electricidad. Las agencias de cooperación internacional están trabajando especialmente en esta zona para mejorar las condiciones de vida de  los indios.
 río Dulcerío Dulce 
Dos horas y media después de comenzar nuestro recorrido río arriba toca cambiar de transporte, y con gran tristeza salimos del barco y nos montamos en el autobús que nos va a conducir a la remota región del Petén, donde se encuentra una de las joyas de nuestro viaje, la ciudad maya de Tikal.

La carretera que conduce a Petén es bastante problemática y los asaltos a vehículos con turistas son frecuentes. Por ello tenemos que esperar un buen rato hasta que llega nuestra escolta policial para el primer tramo del viaje. La policía del lugar no dispone de vehículos y los agentes suben a nuestro microbús armados de ametralladoras y fusiles. Dios mío, Dios mío, que no pase nada porque aquí se organiza una merienda de negros.
Camino de Petén pasamos a 500 metros de la frontera con Belize. La vegetación vuelve a cambiar por completo, nos estamos adentrando en la selva tropical. El cambiante paisaje hace más ameno el viaje. Terminamos el día en Santa Elena, un pueblecito a 60 kilómetros de Tikal donde vamos a pasar la noche.

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