miércoles, 18 de julio de 2012

Día 10. Por Quiriguá hacia el Caribe

Abandonamos Honduras tras un paso mucho más breve por el control fronterizo. La distancia en línea recta entre Copán y nuestra siguiente parada, las ruinas de Quiriguá, es de 50 kilómetros, pero los caprichos del terreno hacen que haya falta dar una vuelta de 175 kilómetros para llegar allí.
Quiriguá 
 Quiriguá no tiene la grandiosidad de Tikal pero no por ello deja de ser un parque arqueológico fascinante: un gigantesco claro en la espesa selva en la que varias estelas gigantescas hacen de centinelas. La humedad y la temperatura dentro del yacimiento recuerdan a una sauna. Afortunadamente estamos a finales de la estación seca y los mosquitos no nos hacen la vida imposible.
Quiriguá Quiriguá Quiriguá QuiriguáQuiriguá  
Las nueve estelas de Quiriguá son las mayores del mundo maya: la estela E es la más alta (11 metros) y pesada (65 toneladas) jamás construida por la civilización maya. En ellas aparecen representados los soberanos mayas con algunas características exclusivas de este yacimiento: los adornos de la cabeza, y las barbas, que se pusieron de moda en Quiriguá 30 años antes que en Copán. Otra característica de Quiriguá son su extraños zoomorfos, seis bloques de piedra labrados con figuras de animales y personajes humanos entrelazados.
Quiriguá 
Lamentablemente, tras dos horas tenemos que abandonar un lugar tan mágico porque un barco nos espera en el Caribe. Atravesamos interminables plantaciones de plátanos antigua propiedad de la United Fruit Company –hoy Del Monte–en ruta hacia Puerto Barrios.

La historia contemporánea de Guatemala está vinculada a la de la United Fruit Company, conocida en el país como el ‘pulpo’, por su control y sus ramificaciones en todos los aspectos de la vida política del país. Entre 1900 y 1930 los beneficios de la empresa se incrementaron 14 veces. Controlaba no sólo todas las exportaciones de plátanos sino que poseía la única vía férrea de Guatemala (hoy cerrada, al no resultar económica para el empresa) y el único puerto en el Caribe, Puerto Barrios. La UFC estaba exenta del pago de la mayoría de los impuestos y cuando el gobierno socialista de Arbenz propuso en 1954 confiscar las tierras que no cultivaba la compañía, ésta organizó un golpe de estado con la ayuda del gobierno estadounidense que puso fin al único decenio liberal en la historia de Guatemala.

En ruta hacia el Caribe, el paisaje ha cambiado por completo. De las montañas del Altiplano hemos pasado a las grandes plantaciones de plátanos y a los ranchos en los que pacen las vacas. La vegetación ha cambiado también, estamos rodeados de palmeras por todas partes.

Nuestro destino final de hoy, Lívingston, no está comunicado por carretera con el resto del país, por lo que tenemos que coger un barco en Puerto Barrios que en 45 minutos nos acerca al lugar más caribeño de Guatemala. Saliendo de Puerto Barrios contemplamos las gigantescas terminales de contenedores de plátanos, un espectáculo inusual e impresionante.

Livingston
Lívingston es la única ciudad caribeña de Guatemala y en ella se mezclan de forma fascinante las influencias caribeñas con otros rasgos característicos de Guatemala. Lívingston está habitada por los indios garífuna (6.539 en el último censo), desciendentes de esclavos negros que naufragaron cerca de la costa hace varios siglos. El aislamiento geográfico ha facilitado que conserven su propia cultura y lengua, el garífuna, una mezcla exótica de senegalés, español y francés.

Livingston Livingston  
No lleva más de veinte minutos recorrer la calle principal de la población, y en ese rato uno se da ya cuenta de algunos rasgos definitorios de esta anomalía guatemalteca: actitud relajada, cocoteros, edificios de madera pintados de colores brillantes, señoras con sombreros de paja que recorren tranquilamente las calles balanceando ostensiblemente las caderas. Jamaica en mitad de Guatemala.

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Por la noche salimos de bares y acabamos en un local en el que una banda garífuna se ha reunido para tocar la música típica del lugar. El grupo está compuesto de tres tambores, un caparazón de tortuga y unas maracas, que producen ritmos sincopantes que se acompañan de cánticos cuasireligiosos.

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